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¿Vale la pena jugar a Max Payne en 2026? Análisis del clásico de Remedy

Max Payne es uno de los títulos más importantes de los primeros años de Remedy y una obra fundamental para entender los primeros pasos de Sam Lake como autor. Su combinación de acción, narrativa, estética noir y revolucionario tiempo bala convirtió al juego en un referente, pero ¿sigue funcionando tantos años después de su lanzamiento?

Los videojuegos de autor y su visión

Hay estudios que definen un género de videojuegos o sagas completas; no podemos pensar en un Assassin’s Creed sin vincularlo a Ubisoft, Ratchet and Clank sin Insomniac o, como no podría ser de otra manera, debido a acontecimientos recientes en la industria, Grand Theft Auto a Rockstar. Y es natural que esto ocurra; al fin y al cabo, son estas empresas las que “crean” dichos títulos y le dan su forma inicial.

Sí es cierto que muchas veces ceden la IP a otros equipos de desarrollo para spin-offs, pero es muy raro que un título de una saga principal de una compañía salga de sus estudios propios.

Sin embargo, hay un nivel superior a esto, que son los que conocemos como juegos de autor; hay alguna vez que los desarrolladores, ya sean directores, guionistas o artistas, crean una manera tan única de hacer su trabajo que los podemos reconocer; es como los directores de cine.

Creo que todo el mundo sabemos perfectamente cómo se ve una película dirigida por Christopher Nolan o Quentin Tarantino, pero parece que esta visión de la obra de autor aún no termina de calar en la industria del videojuego.

Sin embargo, muchos conoceremos las obras de autores como Fumito Ueda con Ico, Shadow of the Colossus o The Last Guardian, o quizás Hideo Kojima con la saga Metal Gear y Death Stranding.

Son juegos que, aunque no comparten género o estilo gráfico en algunos casos, sí demuestran cómo la visión de un autor les da una forma única que nunca otro estudio o persona podrá replicar.

Uno de estos autores que, en mi opinión, creó una manera de hacer las cosas es Sam Lake con su estudio Remedy, y hoy quiero hablar de uno de sus primeros títulos, Max Payne.

La historia de venganza de Max Payne

Max Payne quizás empieza con el típico conflicto narrativo de algunas historias, la venganza. Somos el susodicho Max Payne, un agente de policía a finales de los 90 que vuelve a casa después de un agotado día de trabajo para reencontrarse con su mujer y su hija Rose.

Sin embargo, poco después de llegar escuchamos a Michelle gritando y, cuando subimos a la parte alta de la casa, la escena que vemos es demoledora.

La cuna yace en el suelo y Rose ha sido asesinada; asimismo, al llegar al dormitorio, Michelle también ha sido víctima de un brutal asesino. De hecho, algunos de los culpables siguen en nuestro hogar y tendremos que despacharlos con lo que encontremos para poder defendernos.

Con esto comienza el argumento del título: Max Payne, ahora dominado por la ira y la sed de venganza, decide tomarse la justicia por su propia mano y enfrentarse a la mafia, la policía y todo aquel que se meta en su camino para obtener la divina justicia que cree que debe ser repartida, bala a bala.

Acción y tiroteos a través de Nueva York

El título nos mandará a través de Nueva York en un sistema por capítulos. Está dividido en tres partes, cada una con sus capítulos y un prólogo.

Cada capítulo nos hará ir a ciertos lugares para buscar personajes, acceder a edificios o cumplir objetivos; algunas veces será en simples tiroteos donde tendremos que sacar todo nuestro arsenal a relucir y a veces son zonas donde habrá que pensar más, como pequeños puzzles en los que tendremos que hallar rutas alternativas y soluciones a las barreras que nos propondrán nuestros rivales.

Desgraciadamente, el juego también cuenta con algunas secciones de plataformeo, y aunque ya hablaré de esto más adelante, puedo decir que, sin duda, cualquier parte de Max Payne en la que necesitases hacer saltos precisos era la peor parte de Max Payne.

El tiempo bala: la gran mecánica de Max Payne

En cuestión de controles es bastante sencillo; lo más interesante es que donde estaría el botón para apuntar, el clic derecho, en su lugar tenemos un tiempo, bla.

Y el tiempo bala es la base del combate en Max Payne; si lo pulsamos, ralentizaremos el tiempo y, si en lugar de pulsar el clic derecho pulsamos el shift izquierdo, nos tiraremos al suelo en tiempo bala, especialmente efectivo para entrar en salas que sabemos desde antes que están llenas de enemigos.

Tenemos una barra en la esquina inferior izquierda que muestra cuánto podemos usar el tiempo bala; una vez se acabe o pulsemos el clic derecho de nuevo, se detendrá.

No hay que preocuparse por malgastar el tiempo bala, ya que se recarga con el tiempo, aunque sí es verdad que en tiroteos más extendidos podemos llegar a quedarnos secos en momentos importantes.

Un arsenal repleto

Otra de los mayores puntos a favor de la jugabilidad de Max Payne es el arsenal, porque, menudo arsenal, tenemos un poquito de todo: pistolas, pistolas dobles, ametralladoras, escopetas, granadas, lanzagranadas, molotovs.

Todo esto lo podremos encontrar por el escenario investigando y abriendo cosas como taquillas, armarios o muebles, aunque también le podemos robar el armamento a los enemigos caídos.

Cada arma tiene sus situaciones en las que funciona mejor o no, pero ya te digo yo que ir con doble pistola ametralladora en tiempo de guerra matando a decenas de enemigos sin despeinarte no es casi nunca la opción equivocada.

Una forma única de contar la historia

Sí hay algo que hace a Max Payne diferente de otros shooters, o mejor aún, de otros juegos narrativos: es la manera en la que cuenta la historia.

Sí es verdad que en las cinemáticas y durante el gameplay, el propio Max nos comentará sobre sus propios pensamientos, objetivos y demás.

Pero además de esto, contamos con las novelas visuales, que son la otra manera primordial que tiene el título para poder mostrarnos de manera más profunda las emociones, sentimientos e intereses que quizás con los modelos de la época costaba un poco dar a conocer.

El apartado visual y sonoro de Max Payne

El aspecto visual, pues es un título de su época; los modelos de personaje me hicieron reír más de una vez, sobre todo el canallita de Max, cuyo modelo está basado en el propio Sam Lake, con su sonrisa pícara, actitud de tipo duro y respuestas que parecen una mezcla entre Han Solo e Indiana Jones, demostrando que en cualquier lado donde él esté, es el foco de atención.

Los enemigos usan el mismo puñado de modelos repetidos hasta el hartazgo, que no me quejo, pero sí que diré que los zooms a cámara lenta en los tiroteos para ver esas caras tan poligonadas era una maravilla visual que quería repetir una y otra vez.

La música está bien; algunos temas se vuelven extremadamente repetitivos, pero la que está en las cinemáticas o acompaña a los cómics hace su función de acompañar la acción de buena manera.

¿Vale la pena jugar a Max Payne en 2026?

Hemos llegado al final, y toca volver a plantear la pregunta con la que empezamos: ¿Vale la pena jugar Max Payne en 2026?

Pues la verdad es que sí. Hay que tener en cuenta que salió en 2001 y que, sin el sistema de guardado y carga rápida, es bastante sufrido terminarlo, pero mecánicamente aguanta bastante bien; la historia es una maravilla y la duración es adecuada, alrededor de unas 10 horitas si no vas corriendo mucho.

En general, es un título que va muy bien para conocer los comienzos de Remedy y los primeros pasos de Sam Lake como guionista, y también el de una gran saga que ya quizás se mantiene en el olvido para muchos.

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