Un viaje nostálgico a la era dorada de los juegos de plataformas

Existe una corriente en el desarrollo de videojuegos recientemente que busca revivir las experiencias y sensaciones que despertaban los títulos de antaño.
La palabra que más resuena siempre es nostalgia, recordar cuando eras un niño y te tirabas casi todo el dia explorando Hyrule con Link o batiéndote en múltiples combates de Final Fantasy o Pokémon.
A veces estos títulos son paralelismos completos de los títulos de antaño en los que se inspiran, buscando crear una experiencia lo más cercana a la realidad.
Otros, intentan innovar añadiendo mecánicas que se aprovechan de la potencia técnica y gráfica que los sistemas actuales pueden ofrecer.
Algunos títulos de este estilo que he podido jugar en lo que llevo en el mundillo podria ser The Outbound Ghost, que bebe mucho de Paper Mario.
Nightmare Reaper, con su rollito boomer shooter al estilo Doom o Wolfenstein y Ruffy and the Riverside, recordando a Donkey Kong 64. El título del que vengo a hablar hoy, Dracamar, tiene esas vibras a plataformas desenfadadas de los 90, sin muchas pretensiones, pero muy divertido en su simpleza.
La historia de Dracamar y el malvado Rey Crad
Dracamar es un título de plataformas en el que nos adentraremos en el mundo de Dracamar (sorpresón, lo se),un archipiélago de ensueño que mantiene su equilibrio y paz gracias a la flor Coroki, cuya energía, según nos dice la introducción, “conecta todo”.
Sin embargo, un día, el malvado Rey Crad, un dragón terrible, decide secuestrar a Coroki y usar su poder para el mal. Con la energía de Corki comienza a crear unos artilugios oscuros conocidos como las Moki-Bolas, que transforman a los Mokis, adorables y serviciales habitantes de Dracamar, en los malvados Mokis.
Nosotros, pues, tomaremos el papel de uno de tres héroes (Caliu, Foc o Espurna) que realizarán la gran misión de recorrer toda Dracamar de arriba a abajo para derrotar Mokis, recoger Moki-Bolas y liberar poco a poco el mundo del malvado control de Crad mientras admiramos los paisajes naturales y la naturaleza que hace que Dracamar sea tan especial.
Gameplay clásico con exploración y coleccionables
El título es un plataformas bastante sencillito todo sea dicho, se divide por niveles en los que tendremos que llegar hasta el final de los mismos derrotando mokis, recogiendo mokibolas, estrellas, medallones y demás coleccionables para así poder reducir el control que Crad tiene sobre Dracamar.
En cuanto a nuestras habilidades disponibles, es importante destacar que los tres personajes se juegan exactamente igual, solo que cuentan con diseños y personalidades diferentes (yo, por ejemplo, soy muy fan de Espurna).
Podremos correr, saltar, hacer un doble salto en el aire, golpear, y agacharnos. Con esta simpleza podremos explorar multitud de rincones en el mundo para encontrar zonas secretas para hallar más estrellas, mokis y coleccionables.
Iko y las mecánicas especiales de Dracamar
Al avanzar un poquito en el primer nivel, podremos liberar a un Oki muy especial de una jaula, Iko. Iko se convertirá en nuestro compañero de aventuras, y no solo está bien porque es muy bonito y lo podremos acariciar (como cualquier otro Oki que encontremos) sino porque Iko es bastante especial.
Por razones que no nos dejan demasiado claro, Iko es capaz de cambiar de forma e interactuar con diferentes elementos del escenario cuando pulsemos el botón correspondiente, esto nos permitirá acceder a nuevas zonas. Como un trampolín para saltar más alto, o un engranaje para desbloquear mecanismos.
Con estas poquitas mecánicas, Dracamar se convierte en un título que, como a mi me gusta llamarlo, es “cortito pero disfrutón”.
El juego cuenta con 15 niveles como parte de su historia principal, y aunque son bastante larguitos (el primer nivel tardé como 25 minutos explorando todo) no se hacen pesados y están llenos de puntos de control para no perder grandes cantidades de progreso al morir, y con la cantidad de cosas para recolectar y explorar, no se siente que estés caminando por caminar.
Una aventura sencilla pero efectiva
La historia, pues, típica historia de mundo utópico en la que un malo maloso intenta controlar todo el lugar y un grupo de héroes intenta derrotarlo y restaurar la paz.
Pero llegadas a estas alturas de la película, este tipo de historias funcionan tan bien que ninguna queja al respecto, miren a Mario, que lleva con lo mismo casi 40 años y nadie le va diciendo que los plataformas están fuera de moda.
El apartado visual de Dracamar recuerda a Banjo-Kazooie y Nintendo 64
El aspecto visual es quizás lo que más llame la atención de Dracamar, tiene un encanto especial, que recuerda a esos plataformas de la época de N64 como Banjo Kazooie pero con un estilo visual mucho más pulido, pero a la vez entrañable, como si estuviera viviendo un dibujo animado jugable.
Los Okis me dan una sensación a las babosas de Slugterra pero mucho más grandes, que quizás no se parecen en nada, pero yo soy feliz pensándolo, y a estas alturas de la vida, lo importante es ser feliz con lo que haces, aunque parezca que estás loco.
¿Vale la pena jugar Dracamar?

En general, Dracamar es un título, pues, a riesgo de repetirme como un disco rayado, simple pero disfrutable, cuenta con niveles grandes con muchas cosas que coleccionar, mecánicas comprensivas que combinan a la perfección con el apartado de exploración y una historia que avanza poco a poco conforme completamos los niveles y conocemos más sobre Dracamar, la flor Coroki y el malvado Rey Drac.
Dracamar es de estos juegos que yo digo que están bien, de 7, sin muchas pretensiones, no creo que nadie que desarrollara este título pensase que iba a ser una revolución en la industria ni colmarse de premios, pero sí que brinda un buen puñado de horas de diversión y recuerdos de la infancia a todo aquel que haya podido jugar un plataformas tridimensional o collectathon en algún punto de su vida.
Así que te incito a adentrarte en el mundo de Dracamar y enfrentar a las malvadas hordas poseídas por el Rey Crad para recuperar a Coroki y la paz en la tierra.