Sunken Engine combina la rutina de un simulador de astillero con la inquietud del horror cósmico. ¿Puede un juego de reparar barcos atraparte con su atmósfera y misterio? Vamos a verlo.
Los simuladores y su eterna búsqueda de propósito.
Hay un género que, aunque siempre consigue atraerme brevemente, nunca logra engancharme por largos periodos de tiempo: los simuladores.
Y es que ya tenemos simuladores para todo a estas alturas de la vida. Ya conocemos el meme de Farming Simulator y Europa del Este, pero también existen simuladores de tener tu propia tienda como TCG Card Shop Simulator o Shop Simulator: Supermarket.
Incluso puedes reparar ordenadores en PC Building Simulator o coches en Car Mechanic Simulator.
Vamos, que cualquier actividad que se te ocurra seguramente tenga su propio simulador.
Sin embargo, estos juegos suelen carecer de historia o motivos para jugarlos durante mucho tiempo, más allá de desbloquear cosas o mejorar recursos. Pero el título del que vengo a hablar hoy, Sunken Engine, quiere cambiar un poco eso.
Una mezcla entre simulador y terror lovecraftiano.
Sunken Engine es una especie de simulador en el que gestionamos un astillero en una pequeña ciudad portuaria.
Tras la misteriosa desaparición de nuestro padre, tomamos el control del negocio familiar para investigar más sobre el pueblo, sus habitantes y un inquietante libro propiedad de nuestro padre conocido como el Necronomicón.
El juego combina la gestión y reparación de barcos con unos sutiles toques de terror lovecraftiano que aportan una atmósfera muy particular.
Primeros pasos en el astillero.
Nada más comenzar el juego llegamos en barco a la parte exterior del astillero. Quizás lo más raro es que el misterioso personaje que nos trae nos advierte: “Ten cuidado, las aguas tienen memoria y no olvidan fácilmente”.
Pero bueno, seguro que son cuentos de pescadores para subir los alquileres de la zona. Así que nos dirigimos a nuestro puesto de trabajo y aprendemos lo básico.
El bucle jugable consiste en reparar naves, vender objetos, comprar materiales y mejoras para ser más eficientes en el trabajo, mientras intentamos esclarecer el origen del Necronomicón, conocer a los habitantes de la isla y entender las cosas extrañas que ocurren a nuestro alrededor.
Un día en la vida de un reparador de barcos.
Cada jornada comienza levantándonos de la cama. Poco después, recibimos un fax en nuestra oficina que también es nuestro cuarto con un nuevo encargo.
Al aceptarlo, el barco llegará eventualmente a nuestro muelle, y no podremos aceptar otro trabajo hasta terminar ese.
Al principio solo tendremos tres tipos de tareas: recoger basura, raspar moluscos y limpiar manchas. Conforme avancemos, podremos comprar licencias que añaden nuevas tareas, lo que aumentará la duración de las reparaciones pero también las recompensas.
Una vez terminemos el trabajo, hablaremos con el capitán del barco para finalizarlo y cobrar nuestro pago.
El bazar del astillero y las tareas secundarias.
Durante las tareas de raspado conseguiremos materiales como ostras o estrellas de mar.
Como la isla tiene una gran cultura pesquera, decidimos abrir un pequeño bazar en la parte exterior del astillero para vender estos materiales y ganar algo de dinero extra.
La mecánica es sencilla: cuando llegue un cliente, nos mostrará una lista de artículos que quiere comprar. Solo debemos llenar una caja con esos productos, dejarla sobre la mesa y proceder al pago, devolviendo el cambio si es necesario.
Además, en un lado del muelle hay una silla con una caña de pescar. Podemos lanzar el sedal y dejarlo ahí mientras hacemos otras tareas. Cuando pique un pez, pulsamos el botón en el momento adecuado y conseguimos nuestra captura.
Estos peces también pueden venderse en el bazar, lo que ayuda a llenar los tiempos muertos entre reparaciones.
Mejoras y progresión del jugador
En el astillero contamos con una mesa de mejoras. Existen dos tipos:
● Las que compramos con dinero.
● Las que desbloqueamos con puntos de habilidad obtenidos al subir de nivel.
Podemos mejorar el muelle para recibir barcos más grandes, aumentar la capacidad de la papelera o el área de efecto del rascador. Las habilidades, por su parte, aumentan las ganancias en el bazar, mejoran la velocidad de movimiento o incrementan la eficiencia general del trabajo.
Explorando el pueblo y consiguiendo licencias.
Fuera del astillero podemos explorar el pueblo. Uno de los lugares más importantes es la oficina del alcalde, donde podremos comprar licencias para realizar tareas más complejas como reparar tablas rotas, solucionar problemas eléctricos o forzar puertas.
También nos venderá permisos para que barcos más grandes atraquen en nuestro muelle, siempre que tengamos espacio. Es recomendable obtener estas licencias cuanto antes para aumentar las ganancias.
Además, hay una tienda de pesca y una tienda general donde comprar materiales útiles como clavos, tablas o bombillas. Todas estas tiendas solo abren de día, así que hay que planificar bien las compras.
La noche y el descenso a la locura.
Cuando cae la noche, todas las localizaciones del pueblo cierran, excepto una: el bar.
En él podemos apostar dinero en un juego de dados o recibir un “masaje” de una “amable señorita” para reducir el estrés.
Y hablando de estrés, aquí es donde entran las mecánicas de terror lovecraftiano.
A medida que avanzamos, empezamos a experimentar fenómenos inquietantes: golpes en la puerta sin nadie detrás, pasos en el piso superior del astillero o gigantescas figuras de ojos rojos entre los árboles.
Estos sucesos afectan a nuestra salud mental, aumentando el nivel de estrés. Podemos reducirlo fumando en pipa, pero esta tiene un tiempo de enfriamiento, así que hay que usarla con cabeza. Si acumulamos demasiado estrés, la percepción de la realidad comienza a distorsionarse.
Conclusiones: un simulador con alma y algo de locura.
En general, Sunken Engine es un título interesante, aunque algo repetitivo en lo mecánico.
Su concepto es atractivo y el toque lovecraftiano aporta una atmósfera diferente. Sin embargo, su punto más flojo es la historia.
Se supone que es uno de los pilares del juego, pero progresa demasiado lentamente o requiere pasos muy concretos para avanzar.
Tras casi un mes reparando barcos y desbloqueando mejoras, apenas había completado el prólogo y no tenía claro qué debía hacer.
Aun así, es importante recordar que Sunken Engine sigue en acceso anticipado, y los desarrolladores han ido lanzando parches con mejoras en tutoriales y mecánicas básicas.
Quizás más adelante también ajusten el ritmo narrativo. Por ahora, lo que ofrece es un simulador de reparación con toques lovecraftianos muy sólido, y solo por eso ya merece echarle un vistazo.